El Museo del Manga en Kyoto tiene una sala dedicada a los más chicos. Con una especie de bowl metido en el piso donde se pueden tirar a leer. Durante el viaje confirmé (ya lo había leído) que los japoneses le dan muchísima importancia a los niños (basta mirar el cine de Miyazaki), donde siempre se exalta la alegría que los chicos contagian.